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    Sergio Martez nace en Talcahuano, Chile, en 1988. Desde 2003 reside en Madrid, España.

    La primera formación artística la recibió Martez, de forma natural, en el propio entorno familiar. Su padre, Sergio Martínez, pintor de reconocida trayectoria internacional, y su madre, Lizeth Henríquez, dirigía, en esos años, un taller de pintura para niños. Sin proponérselo expresamente, la actividad de los padres influyó en el hijo y Martez empezó a familiarizarse con los materiales creativos, sus aromas, los soportes y la preparación de una obra, el pincel, las luces y las sombras, la figura humana.
    Con la adolescencia, se afianza su personalidad. Martez se rebela contra un sistema educativo que minusvalora la formación artística de los jóvenes. Decide ser el mismo y se pasa horas experimentando con la pintura y el dibujo. Se matricula en una escuela profesional de fotografía y descubre la fotografía como creación artística.

    La familia deja Chile y se traslada a vivir a Madrid, una ciudad abierta, dinámica y con una gran riqueza cultural. En sus numerosos museos, Martez contempla y admira la obra de los grandes maestros de la pintura, “Impresionante me pareció estar frente al Guernica” confesaría.

    En esta etapa de su vida da rienda suelta a su talento innato volcándose en la pintura y el dibujo, sin ningún objetivo preciso, solo con el afán de ensayar y crear, descubriendo los distintos estilos pictóricos, la abstracción, el cubismo, el realismo, el impresionismo, utilizando técnicas muy variadas, el acrílico, carbón, grafito, bolígrafo, tinta china, acuarela. Con una constante bien definida, el retrato, que trata con gran sensibilidad y al que dota de una inmensa profundidad, dando prioridad a los ojos, especialmente la mirada llena de vida. Para Martez no existe nada más elevado que poder capturar, en una tela o papel, a un ser vivo en su realidad.

    El año 2011 está marcado por dos grandes encuentros, Martez conoce a Macarena, compañera vital e inseparable, y en el plano artístico se reencuentra con la tinta china, técnica que hace suya, desarrollando un estilo muy personal.

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    Sergio Martez

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    La tinta china se suele usar en caligrafías, en obras gestuales, para hacer apuntes, o en obras con un grafismo básico, ya que se entiende que no posibilita el manejo necesario para conseguir efectos más depurados. Martez consigue tener el control sobre las transiciones de medios tonos diluyendo la tinta, aplicando finas capas superpuestas y utilizando el blanco del papel como luz y la tinta china para obscurecer, sin margen de error, ya que una vez pintada una zona, no se puede volver a iluminar. Este procedimiento lo lleva a cabo persiguiendo las formas del modelo y las texturas. Esta técnica la está plasmando en una de sus actuales series, La Serie Perros, selección de variados retratos caninos que muestran las diferentes personalidades de estos animales a través de los gestos, la mirada y las posturas. Si contemplamos una de estas obras a muy corta distancia, apreciaremos los miles de pequeños y controlados golpes de pincel en diferentes intensidades.

    En 2012 expone en la Embajada de Chile en Madrid con ART3, proyecto artístico que lleva a cabo junto a su padre y su hermano Joaquín.

    En 2013 participa en la exposición colectiva, El Género a través del Arte, en colaboración con la Cruz Roja en Madrid. Este año también expone en la sala del Ayuntamiento de Majadahonda la segunda presentación del proyecto ART3.

    Martez aborda el paisaje por primera vez en, Huerquehue, importante obra realizada en tinta china sobre papel adherido a madera de 120 x 200 cm. Esta obra precisa ser explicada. En un viaje a Chile en 2011, el artista visita el Parque Nacional de Huerquehue, reserva natural de una impresionante riqueza paisajística, donde realiza un amplio reportaje fotográfico del cual extrae el material para realizar esta extraordinaria obra. Él mismo nos lo explica: “Tras seleccionar la fotografía con la que iba a trabajar, la fraccioné en 84 partes cuadradas. A su vez prepare 84 trozos de papel con recuadros de 15 x 15 cm, con la idea de pintarlos de manera aleatoria, sin pensar en el conjunto de la obra, hasta que las 84 obras de pequeño formato estuvieran acabadas. Para esto utilicé un sistema rudimentario, un recipiente con 84 papeletas, con el que me divertía cada día sacando, durante esos 4 meses, un número con la letra que me indicaba la posición del trozo que tendría que trabajar en ese momento. La técnica que utilicé para cada trozo fue pincel y tinta china. Una vez terminadas todas las piezas pude hacer el montaje, preparando un soporte de madera sobre el cual fui adhiriendo las 84 partes que compusieron la obra definitiva, como si de un puzle se tratara.”

    Actualmente Martez, además de profundizar en su serie Perros y en la técnica del retrato, se encuentra trabajando en Huerquehue 2.